La política energética europea va encaminada hacia tres objetivos fundamentales:

  • la reducción de gases de efecto invernadero
  • la implantación de energías renovables
  • el aumento de la eficiencia energética de las instalaciones consumidoras.

En esta línea se definen directivas que deben ser transpuestas a las legislaciones de sus países miembros

En este ámbito se ha definido el nuevo Plan Europeo 2030: 40-27-27  (aún de carácter no vinculante) que establece:

  • Reducción de la emisión de gases de efecto invernadero de un 40 % respecto de valores de 1990
  • Objetivo de generación por medio de energías renovables del 27 %
  • Aumento del 27 % de la eficiencia energética

La eficiencia energética  está considerada como un verdadero combustible de futuro, que suministre de aquí al 2035, más energía adicional que el petróleo.

El fin perseguido con una política de eficiencia energética es conseguir más con menos, esto será un factor clave de competitividad en las organizaciones. El resultado de un proceso (producción de bienes o servicios) estará en relación directa con la Energía Útil y en relación inversa con la Energía Final.

La Energía Final es aquella que compramos al suministrador y la Energía Útil es la realmente utilizada o aprovechada después de la optimización de nuestras instalaciones (maquinarias, cerramientos, aprovechamiento de pérdidas de energía producidas en el proceso, etc..).

Si nos centramos en el sector eléctrico que es quien lidera la transformación de le energía mundial, la primera opción de ahorro (disminución de la Energía Final) la podemos localizar en la contratación.

La factura de energía tiene tres componentes:

  • una componente regulada por BOE (peajes, déficit de tarifa, etc…)
  • la componente del mercado (sólo parcialmente regulada)
  • los impuestos (regulados por BOE)

En función de los niveles de tensión de las instalaciones, las potencias contratadas y la curva de demanda, la relación entre la componente de mercado y la componente regulada puede oscilar entre el 35 y el 87 %

Aquí es donde tendremos una posibilidad real de ahorro, bien ajustando las potencias a contratar o bien desplazando la curva de demanda hacia periodos tarifarios más económicos.

Un dato, publicado por la CNMC, muestra el potencial de optimización de la facturación por potencia contratada:

– Potencia máxima instalada en España en 2013: 110.000 MW

– Potencia facturada en ese mismo año:                180.000 MW